Cómo consiguen aprender los bebés

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Cómo consiguen aprender los bebés

El juego es quizá la actividad más importante de los niños pequeños. Es su 'trabajo', su principal ocupación y un factor importante de aprendizaje. Aunque este proceso no siempre sea evidente, los niños pequeños aprenden constantemente a través de sus juegos cotidianos: explorando el mundo que les rodea, relacionándose con las personas que conocen y experimentando con las cosas que se encuentran día a día.

Los niños aprenden de sus compañeros.

Cuando los niños juegan con sus hermanos y amigos, aprenden unos de otros. Cuando surgen preguntas, retos y conflictos, aprenden a resolver problemas. Por ejemplo, Sara, de 3 años, juega con bloques de arquitectura, tratando de equilibrar una estructura y poner un tejado a "su casa". Clara, de cuatro años, tiene ya cierta experiencia en esta tarea y le dice "Vamos a probar el más largo, me parece que encajará mejor". Al final, Sara aprende una nueva estrategia y Clara logra resolver un problema mientras desarrolla sus aptitudes sociales.

Si un niño juega con otros niños de distintas edades, tendrá la oportunidad de aprender de dos maneras diferentes: por un lado, imitando el comportamiento de los niños mayores, y por otro, "enseñando" a los niños más pequeños o menos avanzados.

Los niños aprenden las cosas haciéndolas.

El aprendizaje es un proceso activo. Cuantas más experiencias prácticas tenga un niño, más curioso y capaz de desenvolverse solo ante determinadas situaciones se volverá. A los niños les fascina el trabajo que hacen los adultos: la cocina, las tareas domésticas y arreglar cosas. Es más, estas tareas de la vida real tienen un formidable valor didáctico para los niños. Así que dale al niño un pequeño mortero para que mezcle él mismo la pasta para hacer tortitas y cómprale una escoba de tamaño adecuado para que pueda ayudarte a barrer el suelo.

Consigue un pequeño martillo o llave inglesa de juguete para que te ayude a arreglar cosas en casa o en el garaje. Y todo ello, por supuesto, con su supervisión y orientación. Jugar al aire libre (correr y escalar) es esencial para el desarrollo físico del niño y una oportunidad única para investigar la naturaleza.

También puedes ampliar las oportunidades de aprendizaje del niño si dispones de materiales abiertos en casa. Los materiales abiertos son aquellos que le permiten expresar sus ideas. Son materiales más activos, que fomentan su aprendizaje y no limitan el juego del niño a una o dos actividades, como hacen muchos juguetes.

Algunos materiales abiertos que puedes ofrecer a tu niño son, por ejemplo:

  • Papel, lápices de colores, ceras, tijeras para niños, cola y cinta adhesiva, para dibujar, escribir y construir.
  • Cajas de cartón y otros objetos corrientes (¡nunca bolsas de plástico!).
  • Un caballete y pinturas.
  • Agua, arena, plastilina y arcilla, como estimulantes sensoriales.
  • Bloques de construcción de madera o de plástico.
  • Disfraces, sombreros y accesorios (a los niños de entre 3 y 5 años o incluso más mayores les encanta disfrazarse e interpretar papeles).
  • Muñecas y ropa para vestirlas.
  • Sencillos instrumentos musicales y oportunidades de escuchar música.


Los niños aprenden de los adultos que hay en su vida:

  • Libros ilustrados o cuentos infantiles, ya a partir de los 6 meses de edad.
  • "¡Qué preciosidad!", decimos cuando vemos a nuestro bebé recién nacido. Así comienza toda una vida de amor y apoyo que es esencial para que el bebé crezca y se desarrolle. Esta relación genera la sensación de seguridad y autoestima que el niño necesita para aprender y realizarse.

Con tu apoyo emocional, el niño sacará el máximo provecho del juego (y por consiguiente aprenderá), para lo cual puedes guiarte por las siguientes recomendaciones:

  • Haz comentarios concretos y positivos.

    Explícale al niño desde los primeros meses qué va a suceder o lo que van a hacer en un tono claro y tranquilo.

  • Decirle al niño 'tienes que compartir' no resulta muy útil.

    Lo más que conseguirás es que colabore mientras estés vigilando. Pero si le enseñas a jugar por turnos, lo entenderá mejor para la próxima vez. Por ejemplo, si la pequeña María, de dos años de edad, quiere que le dejen jugar con esa carretilla llena de hojas, di en voz alta: "María quiere jugar después de Luis. A ver qué puede hacer María hasta que Luis termine con la carretilla. ¿Qué tal si preparamos el próximo montón de hojas?" De este modo, se da a María una oportunidad de participar en el juego, en lugar de limitarse a esperar. Un lenguaje de apoyo emocional como éste anima al niño a ver al adulto como su defensor y le ayuda a resolver problemas en lugar de convertir la situación en una disputa.

  • Enseña al niño a ser un buen observador.

    Los niños aprenden estudiando activamente el mundo que tienen a su alrededor. Si sales de paseo con tu pequeño de tres años y pasáis por una obra, es probable que el niño muestre curiosidad por esta actividad. Comparte tu interés parándote a mirar y exclamando: "¡Vaya! Mira qué grandes son las ruedas de ese camión". Enseñar al niño a observar es algo que le resultará útil durante toda su vida.

  • Haz preguntas abiertas.

    Anima al niño a pensar y reflexionar planteándole preguntas abiertas: "¿Por qué se ha movido la pala de esa manera? ¿Qué crees que hará el conductor ahora?" Dale tiempo al niño para elaborar sus propias respuestas, aunque sean equivocadas, antes de proporcionarle más información. No le corrijas siempre, reflexiona y prosigue la conversación. En caso contrario, quizá piense que nunca acierta y pierda interés en contestar.

  • Enseña al niño a utilizar lo que sabes.

    Si el niño muestra interés en algo, aprovéchalo. Busca en los libros más información sobre los vehículos que se utilizan en la construcción. Proporciónale cosas, como palas y camiones, que le permitan simular que realiza el duro trabajo del conductor del camión; si reproduces tus experiencias y representas lo que has observado, le ayudarás a comprender. Vuelve a visitar la obra para que el niño pueda ver cómo avanza, obtener más información y aclarar sus ideas equivocadas.

  • Hay muchísimas cosas en la vida normal que resultan apasionantes para un niño:

    Viajar en tren, en autobús, montar en bici, etc. "¿Dónde está el coche azul?" (cuando el niño está aprendiendo los colores). No tienes por qué pensar que es obligado a ir a lugares especiales para que el niño aprenda. Tu casa, tu calle, tu ciudad o las actividades al aire libre durante el fin de semana serán su mejor escuela.

  • Ofrece comportamientos positivos como modelos a imitar. 

    Sé firme pero amable con el niño aunque tengas que reñirle por su comportamiento negativo. Evita modelos educativos basados en el castigo, las amenazas o las riñas constantes. Felicita sus actitudes positivas e ignora, siempre que te sea posible, sus rabietas, especialmente si tiene sueño o está hambriento.

  • Una de las formas que más utiliza el niño para aprender es seguir tu ejemplo.

    Este proceso es natural y casi inconsciente. Por ejemplo, si el niño ve que tú lees habitualmente, querrá leer y que le lean. Y leer es una de las cosas más importantes que puedes hacer con un niño. No obstante, debes ser consciente de que el niño también puede imitar las conductas negativas que observe, motivo por el cual es importante que nosotros mismos nos comportemos con respeto y no al contrario.

  • Utiliza un lenguaje claro y positivo.

    Evita utilizar palabras en forma de diminutivos o mal pronunciadas aunque sean las que el niño utiliza para expresarse.

  • Todo el mundo responde mejor a las palabras positivas que a las negativas.

    De modo que, en lugar de dar una orden o establecer una prohibición ("¡No tires la pelota ahí!"), es mejor sugerir qué se puede hacer ("Ahí puedes tirar la pelota sin problemas".). De hecho, los niños sólo aprenden nuevas cosas si reciben estímulos positivos. No dejes de animarle: "Qué bien lo haces", "Muy bien, perfecto" o "Éste es mi chico".

  • El juego es el trabajo de la niñez.

    Es el medio por el que el niño conoce el mundo y aprende cómo desenvolverse en él. Si apoyas al niño en esta difícil tarea, permitiéndole jugar libremente durante su tiempo libre, limitando el tiempo utilizado en ver televisión (menos de 1 hora diaria), especialmente evitando que vea contenidos inadecuados para su edad, entonces tu trabajo como padre educador será en verdad un gratificante juego de niños.

Artículo realizado por Jeanne Lepper, M. A.

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