El oído en bebés de 0 a 6 meses

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El oído en bebés de 0 a 6 meses

Tú no le has oído todavía, pero el recién nacido ha estado escuchándote durante el embarazo. Ha oído el constante latido de tu corazón y la corriente sanguínea que fluye por tu cuerpo. Y todo eso antes de nacer.

El bebé reconoce tu voz, la conoce de memoria. Su sonido le tranquiliza. Los bebés vienen programados para prestar atención a la voz humana, porque sus cuidadores son personas. Y les encanta escuchar una voz familiar que les da la bienvenida. Conoce todos los detalles sobre el sentido del oído en bebés de 0 a 6 meses.

Alto y claro.

Aunque el oído del bebé ya funciona bien durante los tres meses anteriores al parto, puede estar un poquito alterado en su funcionamiento al nacer. Esto es debido a que le puede quedar retenido algo de líquido amniótico en el oído medio, que  puede tardar varios días en absorberse.

Ahora que se encuentra en tus brazos, el recién nacido se tranquiliza con el latido acompasado de tu corazón. Cuando hablas, el niño mueve los ojos hacia el sonido de tu voz. Los bebés prefieren el sonido de la voz humana a otros sonidos y reaccionan más a las voces agudas de mujer que a las profundas voces masculinas. Los investigadores creen que esto se debe en parte a la experiencia prenatal del bebé, durante la cual ha oído sobre todo la voz de su madre. Pero no te preocupes, papá. No tienes que hacer nada más que hablar al niño y pronto reconocerá el tono grave de tu voz.

El umbral de audición de un recién nacido es unos 40 ó 50 decibelios mayor que el de un adulto, lo cual significa que los bebés no oyen los sonidos de baja intensidad que se producen a su alrededor. Pero sí oyen los sonidos altos y en respuesta a ellos pueden sobresaltarse, parpadear, llorar, contener la respiración o incluso dejar de comer por un momento.

El sonido de la música atrae a todos los bebés y les tranquiliza. Su respuesta es emocional, al igual que la de los adultos. Hay pruebas que demuestran que las nanas que se cantan al bebé antes del parto (o a su hermanito o hermanita) le resultan familiares y le tranquilizan cuando las oye después.

Lloros y gorgoritos.

El primer lenguaje del niño no contiene ninguna palabra. El bebé  expresará sus necesidades llorando. Si le estás dando el pecho, sus lloros estimularán tu producción de leche. Pronto podrás distinguir si es un lloro de hambre o de incomodidad o dolor. El sabe que tú le oyes porque respondes cambiándole o alimentándole, lo cual le tranquiliza. Gracias a tus respuestas, él aprende que es importante comunicarse. Y eso le convierte en un bebé feliz.

A las cuatro semanas, el bebé da otro paso hacia la conversación. Comienza a hacer gorgoritos y tú se los devuelves. Es entonces cuando el bebé comienza a reaccionar a una mayor variedad de sonidos. Todavía se sobresalta cuando algo se rompe y se tranquiliza con las nanas, pero los sonidos medios (ni demasiado bajos, ni demasiado altos) comienzan a abrirse camino.

Entre las cuatro y las seis semanas, el bebé empieza a coordinar dos de sus sentidos: el oído y la vista. Empieza relacionando el sonido de tu voz con la visión de tu cara cuando le hablas. Probablemente habrás observado que ha comenzado a sonreír cuando escucha tu voz mientras te acercas. Si le observas, verás que te sonríe cuando le hablas. En unas semanas, sonreirá cuando te vea la cara, aunque no emitas sonido alguno. Tal es el poder de tu voz, que él se anticipa a su sonido y a sus efectos.

Balbuceos y parloteos.

El bebé nace con sentido del ritmo. El ritmo del habla de los adultos pone su cuerpecito en movimiento. También es sensible a la melodía o la entonación. A los tres meses, ya oye sonidos agudos que antes no podía distinguir. Esto ayuda al bebé a distinguir mejor tu voz del ruido de fondo, sobre todo si le hablas en esa voz alta y cantarina que las mamás (y los papás y los amigos, incluso los niños) utilizan instintivamente con los bebés. No te avergüences. Esta forma de hablar ayuda al bebé a oírte y le ayuda a distinguir las sílabas.

Es su capacidad para oír diferentes sílabas (y distinguir incluso las unidades de lenguaje más pequeñas, llamadas fonemas) lo que le convierte en un niño verdaderamente internacional. Los bebés están preparados para el lenguaje y, como recién nacidos, pueden detectar muchos más sonidos del habla que un adulto. Así que antes de que tu hijo emita una sola palabra, habrá estado balbuceando fonemas que se encuentran, por ejemplo, en el japonés, el sueco o el urdu.

Esta notable capacidad se pierde a finales del primer año. Ello se debe a que el niño se acostumbra a su idioma nativo, porque es el que más escucha. Oírlo le ayuda a dominarlo, que es el objetivo último del bebé: comunicarse con mamá y con el mundo exterior.
El oído es fundamental para la comunicación. Afortunadamente, sólo algunos bebés nacen con pérdida auditiva. Los bebés que tienen mayor riesgo de sufrir problemas auditivos, como los engendrados por padres sordos, los nacidos muy prematuros o con graves complicaciones en el parto, deben recibir atención profesional antes de los tres meses de edad.

La música y Mozart.

¿Has oído lo que se dice sobre la música de Mozart? Si el bebé la escucha, será un genio en matemáticas. Bueno... esto no es así exactamente. Pero existe un interesante estudio relativo a niños de 3 y 4 años de edad que escucharon la música de Mozart. Algunos de ellos incluso recibieron clases de piano durante seis meses o más. Al principio y al final del estudio se examinaron sus capacidades espaciotemporales (relacionadas con las habilidades matemáticas) y resultó que sólo los niños que habían recibido clases de piano mostraron mejores aptitudes.

Con todo, nadie sabe si estos hallazgos son aplicables a los bebés.

Lo que sí se sabe es que la música afecta al estado de ánimo de los adultos y también al de los bebés. Una melodía lenta les tranquiliza y les ayuda a prepararse para dormir. Una canción alegre te animará a bailar con tu bebé en brazos y ambos lo pasaréis genial.

Como el bebé nace con el sentido del oído muy desarrollado, es capaz de apreciar los sonidos más complejos de la música. Y como las pautas sonoras y los ritmos de la música clásica están más cerca de la melodía de la voz humana que otros tipos de música, los bebés la prefieren. Si la música le convertirá o no en un científico espacial, es mera especulación. Pero le gustará mucho.

Otra cosa que le agrada es que le hablen. Y además es bueno para el niño. Le encanta oír tu voz y va aprendiendo el lenguaje con cada palabra que le dices. Ambos tenéis muchas cosas importantes que deciros. Y eso siempre será así.

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