La fiebre en bebés y niños de 0 a 36 meses

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La fiebre en bebés y niños de 0 a 36 meses

El aumento de la temperatura corporal es un signo de alerta, que no de alarma, de que muy probablemente está iniciándose una infección, casi siempre sin consecuencias, en la que la propia fiebre actuará como mecanismo de defensa. Este síntoma suele ser motivo de gran preocupación para los padres, que adoptan una actitud agresiva hacia dicho síntoma. Pero la fiebre por sí misma raras veces es perjudicial y siempre es consecuencia de algo. Es competencia del médico intentar descubrir de qué y tratarlo.

 

La temperatura corporal

La temperatura corporal normal es la expresión de la energía en forma de calor que el organismo produce durante su metabolismo. Puede variar de una persona a otra y oscilar según el momento en que se tome: es más alta después del ejercicio físico, si hay excesivo calor ambiental, tras las comidas o en las últimas horas de la tarde. También es diferente según el lugar en que se mida: la temperatura de la axila es 1.0° más baja que la rectal, pues el cuerpo está más fresco en la superficie que en su interior.

El cuerpo humano dispone de los medios adecuados para mantener su temperatura estable dentro de unos límites bastante precisos. Es capaz de perder calor incrementando la circulación sanguínea en la piel (enrojecimiento) y a través del sudor, de aumentar su producción mediante los escalofríos, o de evitar su pérdida reduciendo a su vez la cantidad de sangre que circula por la piel. La fiebre es una respuesta biológica controlada por el sistema nervioso y es un signo común a muchas enfermedades infantiles.

Una de las causas más frecuentes de la fiebre, aunque no la única, son las infecciones. Los niños con fiebre suelen tener frío y presentan la piel de las manos y los pies azulada, moteada y fría debido a una menor circulación sanguínea en estas zonas. No suelen sudar (sobre todo los niños pequeños), y a menudo tienen escalofríos durante los momentos de subida o bajada brusca de temperatura.

Se considera normal una temperatura rectal de hasta 37.6°; entre 37.6 y 38°, se habla de febrícula ("décimas"), y cuando es mayor de 38° se trata de verdadera fiebre. Muchos de los episodios febriles, duran entre 1 y 3 días y suelen ser provocados por infecciones víricas autolimitadas. Por ello, muchas veces no es necesario administrar antibióticos.

En general, la cantidad de fiebre no está siempre relacionada con la gravedad de la enfermedad (salvo en el lactante pequeño) y no produce efectos indeseables. Es más, las temperaturas menores de 39.5º son muy bien toleradas por el niño. Además, la fiebre puede ser beneficiosa al estimular los sistemas defensivos de nuestro organismo frente a la infección y producir un ambiente hostil para el desarrollo de los microbios productores de enfermedad. Por ello, no siempre es imprescindible intentar bajarla a toda costa.

Un 3% de la población infantil puede tener convulsiones febriles producidas por el aumento brusco de la temperatura. Al margen de la angustia que suelen causar en los familiares, las convulsiones febriles tienen unas características benignas, no dejan lesiones cerebrales y no requieren tratamientos posteriores. Por último, dos creencias falsas que conviene desterrar: una, que la erupción dentaria es causa de fiebre y otra, que la fiebre alta puede provocar una meningitis.

 

Cómo tomar la temperatura

La única forma de saber de verdad la temperatura del niño es colocándole el termómetro en el recto. Para ello, ponle boca abajo sujetándole espalda y piernas (puedes lubricar el termómetro con aceite o vaselina) y, sin forzar, introdúcelo 2-3 cm. en el recto por la parte que tiene el mercurio y mantenlo allí durante 2-3 min. Comprime bien las nalgas sujetando el termómetro con la otra mano. Existen termómetros especiales para lactantes y niños, con el depósito de mercurio más pequeño. 

Precaución: no dejes nunca al niño solo con el termómetro puesto, ya que existe la posibilidad de que pueda rompérsele en el interior del recto de forma accidental.

La toma rectal no es aconsejable si el niño tiene diarrea. En tal caso será más conveniente tomar la temperatura de la axila. Después de hacerlo, desinfecta bien el termómetro. Si por alguna rara circunstancia el termómetro se rompiera, siempre será necesario ir al médico si no se recuperan todos los fragmentos, pues alguno puede haber quedado en el interior del recto. En general, estas roturas no presentan ningún peligro porque los fragmentos de cristal son muy pequeños y no causan lesiones, las heridas suelen ser superficiales y el tipo de mercurio del depósito no es tóxico.

 

Cómo actuar frente a la fiebre

El niño con fiebre suele estar decaído, irritable y con menos apetito. Es aconsejable:

  1. Mantenerlo en un ambiente fresco (alrededor de 20°), con poca ropa y lejos de fuentes de calor como estufas y radiadores. Cuanta más fiebre tiene el niño, más desabrigado debe estar.
  2. Ofrecerle con frecuencia pequeñas cantidades de agua, zumos de fruta azucarados o leche a demanda. No forzarlo a comer ni a beber.
  3. Si la fiebre no le causa ningún trastorno y se encuentra bien, no es necesario darle antitérmicos.

 

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