El ABC de la lactancia materna

El ABC de la lactancia materna

La lactancia materna constituye el método más natural y sano de alimentar a tu bebé.  La leche materna contiene una fórmula única para cada bebé y es, a su vez, fuente de proteínas y células que combaten las infecciones y que ayudarán a mantenerlo feliz y saludable. La lactancia es un período que tanto madre como hijo podréis disfrutar. En un comienzo amamantar puede requerir algo de práctica, sin embargo, existen muchas razones para hacer el mejor de tus esfuerzos.

¿Por qué es mejor amamantar? Beneficios para el bebé.

Se recomienda a las madres amamantar a sus bebés por lo menos durante el primer año de vida y, en especial, durante los primeros seis meses. Existen buenas razones para tal recomendación. Los niños que han sido alimentados con leche materna tienen menos probabilidades de presentar infecciones en los oídos, alergias, vómitos, diarreas, neumonía, diabetes juvenil y meningitis.

Investigaciones recientes sugieren que la leche materna estimula el crecimiento cerebral de tu bebé. Los bebés digieren con mayor facilidad la leche materna que la fórmula, la leche de vaca o la leche de cabra. Contiene todos los minerales requeridos y la justa proporción de sustancias nutritivas. Además, la leche materna es conveniente porque es gratis y siempre está lista cuando tu bebé tiene hambre y no es necesario prepararla. Los beneficios para la salud se mantendrán durante todo el periodo en que madre e hijo favorezcan la lactancia materna.

Los beneficios para la madre.

El amamantamiento te otorga beneficios determinantes, tanto para tu salud, como para la de tu bebé. Además de ser la manera ideal de estrechar lazos con tu bebé recién nacido, la lactancia ayuda a estimular las hormonas necesarias para que tu útero recupere el tamaño que tenía antes del embarazo.

Según algunos estudios, las mujeres que amamantan a sus hijos tienen un 50% menos de probabilidades de presentar cáncer mamario antes de la menopausia, además de un menor riesgo de cáncer ovárico y osteoporosis. Amamantar también te ayudará a perder peso después del embarazo, ya que consume el tipo especial de grasa adquirida durante el embarazo antes de que pase a ser parte definitiva de tu cuerpo.

Amamantar te ayudará a perder ese peso al ritmo preciso. Aunque tampoco querrás perder demasiado peso apenas hayas dado a luz. Las mujeres en periodo de lactancia materna necesitan entre 2 y 4 kg sobre su peso anterior al embarazo para mantener su cuerpo saludable mientras alimentan a sus hijos. Si pierdes peso demasiado rápido, tu producción de leche podría verse afectada cuando tu bebé crezca de forma acelerada y necesite comer más. Ese sobrepeso desaparecerá naturalmente durante los seis primeros meses.


¿Qué esperar al comienzo?

La leche materna comienza a subir pocos días después del nacimiento de tu bebé. Hasta entonces, tus pechos estarán ocupados produciendo el calostro que tu hijo beberá en lugar de la leche. Esta sustancia espesa y de color amarillento está colmada de proteínas y anticuerpos que ayudarán a tu bebé a combatir las enfermedades. Se supone que el calostro es el primer alimento que ingiere tu bebé, al igual que su primera "inmunización" contra enfermedades.

Tu bebé tiene grandes reservas de agua y grasa que puede utilizar mientras ingiere esta valiosa sustancia. Su estómago, a esta edad, sólo tiene capacidad para contener el equivalente a una cucharadita de líquido, de modo que una pequeña cantidad será suficiente. Tu cuerpo está especialmente preparado para la lactancia y el de tu bebé, para amamantarse; sin embargo, esto no significa que tú no vayas a necesitar un poco de ayuda en un comienzo.

Mientras estés en el hospital, alguien deberá ayudarte a poner al bebé en tu pecho lo antes posible, ayudarte a que tu bebé lleve su boca al pezón y enseñarte a distinguir si tu bebé está mamando correctamente. Idealmente, el proceso de amamantamiento se facilita si el bebé se pone al pecho apenas nace. Si todavía necesitas ayuda cuando hayas vuelto a su casa, solicítale al personal del hospital que te recomiende algún lugar donde acudir. Podrás obtener asistencia adecuada en el hospital o en servicios de salud. Todos necesitamos ayuda; e incluso las madres muy experimentadas se pueden enfrentar a situaciones especiales.

Una vez que baje tu leche, es posible que tu recién nacido quiera mamar a cada hora durante sus primeros dos días de vida. Esto ayudará a que tu cuerpo logre una buena producción de leche, ideal para satisfacer las necesidades de tu bebé. En un plazo de tan sólo dos a cuatro días, tu cuerpo se ajustará a esta "información" y tu bebé necesitará alimentarse con menor frecuencia, es decir, cada dos o tres horas o entre 8 y 12 veces en un período de 24 horas.

Esto forma parte del período normal de transición y no significa que tu bebé no esté satisfecho contigo, con tu leche o cuidados. La inquietud y llanto de tu bebé indican que él sabe lo que necesita y cómo hacérselo saber a quienes se lo darán. A esta edad, el período de amamantamiento generalmente toma entre 10 y 15 minutos en cada pecho.       

¿Cómo lograr una buena producción de leche materna?

Cuando una madre amamanta, una buena alimentación, una gran cantidad de líquido y un buen descanso son elementos esenciales. La madre debe dormir cuando su bebé lo hace y beber gran cantidad de líquidos que contribuyan a su salud. La leche, el agua y los zumos son una buena opción. Relájate.

Deshazte de tareas innecesarias, visitas molestas y todo tipo de tensiones y concéntrate en ti y en tu bebé. Es necesario que mantengas una dieta básica saludable para así conservar una buena producción de leche materna, lo que no significa que tu alimentación deba ser demasiado elaborada. Algunos lactantes son bastante sensibles a ciertos alimentos que forman parte de la dieta de su madre.

Si tu bebé se muestra molesto después que hayas comido algo muy sazonado, es probable que ése sea el problema. Sin embargo, en general, las madres en período de amamantamiento pueden comer lo que deseen, siempre y cuando se trate de una alimentación saludable. Las madres vegetarianas que amamantan a sus hijos deben poner mucha atención a que su dieta contenga suficientes vitaminas y minerales. Si tienes dudas acerca de tu alimentación, tu ginecólogo o tu pediatra podrán recomendarte a un nutricionista o dietista que te ayude a elaborar una dieta adecuada.

Tres comidas sanas y un par de tentempiés al día te ayudarán a sentirte bien y a mantener una buena producción de leche. El chupete es muy útil para tranquilizar al bebé. Sin embargo, recuerda que si le ofreces un chupete a tu bebé durante las primeras semanas de vida, es posible que mame menos, lo que a su vez afectará a tu producción de leche. Un estudio reciente demostró que el uso del chupete puede interferir con el éxito del amamantamiento. 

De manera que es aconsejable postergar el uso del chupete hasta que tu producción de leche se haya regularizado, lo que generalmente sucede hacia el final del primer mes. En vez de usar el chupete, intenta dejar las manitas del bebé cerca de su boca al momento de arroparlo. De esta forma, el bebé podrá llevarse las manos a la boca, tal como lo hacía cuando estaba en tu útero, y así se tranquilizará.   

La estrategia del biberón

Si deseas que tu bebé comience a alimentarse con biberón, debes esperar a que tenga al menos entre 2 y 4 semanas de vida. Sin embargo, no debes sorprenderte si, en un comienzo, tu bebé rechaza un biberón, aún cuando contenga leche que te hayas extraído del pecho.

La razón es sencilla: un bebé que ha sido amamantado conoce perfectamente la diferencia entre tomar leche de un biberón y mamar, y prefiere que su madre esté cerca de él. El bebé puede oler a su madre y conoce la rutina. Es probable que obtenga mejores resultados si le pides al padre o a la canguro o a la abuela que le den el biberón con la leche que te has extraído, sin que tú estés presente.

Si comienzas a añadir leche de iniciación a la dieta de un bebé que se está amamantando, la producción de leche disminuirá de manera proporcional a la cantidad de leche que le des a tu bebé. En realidad, es decisión tuya, pero piénsalo bien antes de comenzar a utilizar leche de iniciación, especialmente si tu producción de leche se ha regularizado. Cualquiera sea tu decisión, es importante que tengas presente que cualquier cantidad de leche materna, por pequeña que sea, es mejor que nada al momento de pensar en la protección de la salud de tu bebé.

¿Cuándo amamantar a tu bebé?

Alimenta a tu hambriento recién nacido según la demanda, es decir, amamántalo cada vez que él quiera. Tu bebé no mamará mucho cada vez que lo alimentes en sus primeros días de vida, debido a que su estómago es muy pequeño, pero querrá hacerlo con frecuencia. La mayoría de los recién nacidos necesita mamar entre 10 y 12 veces en un período de 24 horas. En otras palabras, de una vez cada hora a una vez cada tres horas.

Mientras se regulariza tu producción de leche, despierta a tu bebé para amamantarlo si duerme más de tres horas seguidas durante el día o cuatro horas durante la noche. De lo contrario, cuando despierte estará demasiado hambriento y no se alimentará bien. Cuando todo ya esté funcionando bien, tu bebé será quien te despierte cuando lo necesite.

¿Cómo saber si tu bebé tiene hambre? Busca indicios como: 

  • El reflejo de búsqueda (el bebé abre la boca y gira la cabeza hacia donde piensa que debe estar el pecho de la madre).
  • Se arrima a tu pecho.
  • Realiza movimientos de succión o se lleva las manos a la boca.
  • Llora (uno de los últimos signos de hambre, pero no es necesario esperar a que llore a gritos).

La leche materna es todo lo que el bebé necesita para alimentarse hasta el sexto mes de vida. Esa es la edad que se recomienda para introducir alimentos sólidos para complementar la dieta del bebé. Sin embargo, tu bebé continuará obteniendo la mayor parte de su alimentación a través de la leche materna (o leche de iniciación) hasta que cumpla un año de vida.   

¿Qué cantidad es suficiente?

Al igual que muchas madres que amamantan por primera vez, es posible que no sepas cuándo tu bebé ha mamado lo suficiente. Sabrás que tu bebé se está alimentando si oyes que traga a medida que mama. Otro indicio es lo bien que tu bebé duerme después de mamar. Si ya está satisfecho y su pañal está limpio, es probable que tu bebé se duerma inmediatamente después de mamar.

Otros detalles que indican que tu bebé se está alimentando correctamente son los siguientes: 

  • Moja alrededor de seis pañales al día después de mamar, y produce heces blandas y de color amarillento entre dos y cinco veces al día hasta que cumple seis semanas de vida.
  • Algunos bebés digieren tan bien la leche materna que sus deposiciones son muy poco frecuentes.
  • Su orina es de color amarillo pálido, en vez de amarillo oscuro o anaranjado. 
  • Tus pechos se sienten blandos y "vacíos" después de amamantar a tu bebé.

Es normal que el bebé pierda hasta un 10% de su peso al nacer, durante su primera semana de vida. Sin embargo, después de la primera semana, tu bebé debería aumentar de peso en forma constante y recuperar, por lo menos, el peso que registró al momento de nacer hacia el final de la tercera semana de vida.

También en la tercera semana, su cara debería comenzar a ser más redonda. El pediatra pesará a tu bebé en cada visita. Si tu bebé pareciera no estar creciendo o subiendo de peso en forma adecuada o si te preocupa que no esté recibiendo una cantidad suficiente de leche materna, contacta con tu pediatra habitual.

¿Qué cantidad es insuficiente?

Es posible que de vez en cuando sientas que tu bebé no está mamando lo suficiente. Tu bebé puede parecer hambriento aún después de mamar por largo rato y aunque sientas que tus pechos están "vacíos." Ésta es la forma en que la naturaleza hace que tu producción de leche se adecue al ritmo de crecimiento de tu bebé. Para estimular adicionalmente el aumento de tu producción de leche, amamántalo todas las veces que te lo pida.

También es necesario que bebas mayor cantidad de líquido y que descanses lo suficiente. Esto puede significar que durante uno o dos días tengas que dedicar la mayor parte del tiempo a amamantar y a descansar, y no a otras actividades. Ten la certeza de que tu bebé estará bien siempre que mame con energía y siga orinando y defecando normalmente, tal como hemos sugerido. Tu cuerpo demorará entre 36 y 48 horas en adaptarse a las crecientes necesidades de tu bebé. Tu bebé es el encargado de mamar con frecuencia para así transmitirle a tu cuerpo las señales correctas. Por eso, déjalo hacer su parte. Si le ofreces un biberón, tu bebé tendrá pocas ganas de mamar y tu cuerpo no recibirá correctamente la orden de aumentar la producción.

Toda madre que amamanta debe afrontar breves períodos en los que su producción de leche no logra satisfacer la demanda del bebé. El método natural de satisfacer esta creciente demanda es hacer que el bebé mame. Relájate y disfruta de los ritmos que la naturaleza ha establecido.   

   
Lactancia y trabajo

Si debes regresar a tu trabajo, puedes continuar alimentando a tu bebé con leche materna. Extráete leche una o dos veces al día mientras estás en tu trabajo y llévatela a tu casa para dársela a tu bebé al día siguiente. Nuestra recomendación es que lo hagas. Es una buena forma de sentirte muy cerca de tu bebé cuando debas ausentarte. Hay muchas formas de extraerse la leche, con la mano, con un sacaleches manual o eléctrico.

Amamantar con frecuencia en la tarde y en la noche servirá para mantener tu producción de leche materna y te dará esa sensación tan especial de cercanía que extraña al estar en tu trabajo. Puedes dejar la leche que te hayas extraído entre seis y ocho horas a temperatura ambiente, o entre 3 y 5 días dentro del congelador o refrigerador, si así lo requieres, puesto que contiene agentes naturales de conservación.

También puedes congelar tu leche para usarla más adelante, aunque congelarla implica perder algunas de sus propiedades necesarias para combatir las enfermedades. Aún después de haberla congelado, tu leche mantiene la proporción más adecuada de sustancias nutritivas para tu bebé. Descongela la leche dejándola a temperatura ambiente o poniéndola bajo un chorro de agua tibia. No vuelvas a congelar la leche después de haberla descongelado. Se debería batir suavemente la leche que tú hayas refrigerado, ya que la grasa tiende a separarse e irse hacia la superficie. Bátela hasta obtener una textura homogénea que pueda fluir fácilmente a través de la tetina del biberón. Busca una habitación limpia, privada y tranquila en tu lugar de trabajo donde puedas extraerte la leche cómodamente.

Artículo realizado por las Dras. Suzanne Dixon y Angela Rosas.

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