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Cuando los niños cumplen su primer año, disminuyen mucho las probabilidades de que se asfixien con una almohada. De todos modos, si quieres poner una almohada en la cama de tu hijo, comprueba que el pequeño no vaya a utilizarla como un escalón para bajar de ella.

Asegúrate de que el colchón sea lo más bajo posible y de que no pueda usar la almohada para bajarse.